SOBRE LAS ILUSTRACIONES DE JOSÉ RAMÓN SÁNCHEZ DEL INFIERNO DE DANTE

En los últimos tiempos, antes de iluminar una obra, José Ramón Sánchez se empapa de ella para absorber su mensaje más profundo.

En su admirable Confabulario personal, Juan José Arreola define literariamente el proceso biológico de la alimentación del búho. Si reproducimos esa definición, cambiando tan sólo las palabras precisas para que el texto adquiera el sentido que pretendemos, estaremos plasmando con precisión el método que tiene el ilustrador cántabro de enfrentarse a los libros:

Antes de ilustrarlos, José Ramón Sánchez digiere mentalmente los libros. Nunca se hace cargo de una obra entera si no se ha formado un previo concepto de cada una de sus partes. La actualidad del dibujo que generan sus manos va haciéndose pasado en la conciencia y preludia la operación analítica de una inminente consumación pictórica. Estamos ante un caso de profunda asimilación reflexiva.

Su procedimiento de trabajo no siempre ha seguido este camino, pero el triángulo creativo de El Quijote, La Biblia y Moby Dick, marcó la mente del artista con la impronta que dejan las obras maestras, aquellas que nos hacen más maduros después de su lectura. La consumación artística de dicho triángulo creativo nos ha devuelto un José Ramón profundamente reflexivo, capaz de representar con alegres colores el idealismo de Don Quijote, con luces y penumbras intemporales el misterio de La Biblia y con azules profundos el mar de Moby Dick y la tormenta interior del capitán Ahab.

Con la ilustración de la Divina Comedia, el triángulo se convierte en rombo, y el vértice inferior del nuevo polígono se hunde, en principio, en las profundidades del averno, arrastrando tras de sí al ilustrador. Para ese viaje a los abismos, luego una profunda asimilación reflexiva, José Ramón elige su propio infierno, el más duro para un artista plástico: la ausencia del color, la opresión de los grises, la severidad del blanco y negro, con la pretensión de identificarse más íntimamente -en cuerpo, alma y pincel- con el espíritu de la obra de Dante.

Así deben ser entendidas las imágenes que ha creado para ilustrar el Infierno. Y así lo cuenta el propio autor en el cuaderno en que anota las reflexiones que le surgen al tiempo que trabaja:

Anoche dije adiós a los colores amigos,
y en la mañana, despojado y solitario,
me adentré en la selva oscura.

Los verdes ya no eran verdes
y los ocres, tan fieles en otros tiempos,
se habían desvanecido entre la bruma.

Oscura es también la selva mía
cuando penetro solo en la espesura
dejando atrás mi vida y mi porfía.

Mas seguiré adelante por esta senda incierta
que me llevará hasta un mundo
donde sólo el blanco y negro serán mis guías.



Pasen, vean y opinen.

Ediciones Valnera, S.L. Villanueva de Villaescusa 39690 CANTABRIA